¡SOS, VANESSA! Cuando el Insomnio te Convierte en Neurótica (Y el Miedo a que Mi Psiquiatra Desconecte en la Consulta)

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El Pánico Pre-Consulta y la Carga de Ansiedad

A ver, queridas lectoras, si algo he aprendido después de luchar contra los electodomésticos traidores y el tinte asesino, es que la verdadera batalla se libra dentro de tu cabeza. Y mi campo de batalla favorito es la consulta de mi psiquiatra, Vanessa.

Mañana tengo consulta, y ya estoy con los nervios a flor de piel. No es el miedo al diagnóstico, ¡coño!, es el miedo a mi propia actuación. Porque sé cómo va a terminar: llorando, balbuceando y como una neurótica hablando de todo a 1000 por hora.

Mi cerebro es una olla a presión de problemas, y cuando entro en esa consulta, la válvula de escape se abre sin control.

La Traición de la Pastilla y el Drama del Insomnio

Mi primer punto en la agenda es el insomnio. El drama es que el insomnio me ataca pese a haber tomado la medicación. ¡Eso es traición! Es como si el guerrero espartano se durmiera en la batalla porque su arma falló.

Yo entro allí con la intención de ser laconista: «No duermo. Necesito ajuste de dosis.» ¡Pero no puedo! La ansiedad me obliga a darle todo el contexto, el making-of de mi vigilia: la gata Monchita que huye, la limpieza frenética de la cocina, el pánico a los 4 kilos que cogí. los hijos, la ansiedad…

Vanessa espera la disciplina y la razón, y yo le doy el torrente emocional completo.

La Catarsis Neurótica (El Torrente Verbal)

El drama del insomnio es el motor de mi torrente verbal. Intento ser la Mujer de Hierro, pero termino siendo un manantial descontrolado de quejas y traumas.

  • El Plan Inicial: Explicarle el insomnio.
  • La Realidad (a 1000 por hora): Le cuento el insomnio, el estrés, la última discusión con la vecina, el trauma de los probadores, la impotencia de la patada espartana… ¡Todo a la vez! El balbuceo es la única forma que tiene mi cerebro de mantener el ritmo.

Y el final es predecible: salgo de allí habiendo olvidado a lo que iba. ¡Hostia! Entré por el sueño y salgo preguntándome si el arroz de la semana pasada estaba caducado.

El Gran Miedo: ¿Vanessa Desconecta?

Y aquí viene la reflexión más profunda, la que me causa más ansiedad que el insomnio:

¿Vanessa no desconectará de los 40 minutos que estoy barraqueando como una neurótica?

Yo misma me respondo: no creo, porque luego me aconseja y me guía. Pero es que, si fuera yo con mi caos de coco, desconectaría porque mi cerebro tiende a irse a Marte.

Ella, la psiquiatra, debe ser la encarnación de la Paciencia Estoica. Ella escucha el grito, el llanto, el desorden, y en lugar de huir (como Monchita), mantiene la calma y filtra la razón del caos.

Conclusión (La Victoria de la Confianza)

Mañana será otro acto de fe. Confío en que, pese a mi espectáculo (llanto, balbuceo, histeria, olvido), Vanessa me verá y me guiará. Porque el verdadero empoderamiento no es la calma; es la sinceridad brutal del caos.

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