¡NI DE COÑA! La Vez que Mis Amigas Intentaron Arreglarme la Vida (Y el Horror de la Cita a Ciegas)

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El Club de las «Arreglavidas» y el Ataque Subrepticio

A ver, queridas lectoras, hoy vamos a hablar de un fenómeno que todas hemos sufrido: el Ataque de las Amigas «Arreglavidas». Esas amigas que te quieren mucho, que te ven tan bien soltando tacos y riéndote del caos, pero que en el fondo, piensan: «A esta tía solo le falta un hombre para ser perfecta.»

¡Y ni de coña!

Estábamos tomando algo, todo en calma, hablando de la puta locura de la semana y de cómo el estrés es un cabrón, cuando sueltan la bomba. Lo hacen con esa sutileza que tienen los gatos al tirar un vaso de agua: primero, la distracción; luego, el desastre.

Una de ellas, con esa voz de conspiración, dice: «Oye, ¿y si te presentamos a alguien? Concha, ya toca.»

¡Hostia! Sentí un escalofrío que me llegó hasta la médula. Yo, que ya he superado el trauma de la báscula y el pánico del jeringazo de Marimar, ¡¿ahora tengo que enfrentarme al terror existencial de una CITA A CIEGAS?!

El Contraste Inhumano: Seducción Espartana vs. Mi Pánico

En mi cabeza, el romanticismo es otra puta farsa inventada por Hollywood. Y aquí es donde entro en modo análisis espartano para justificar mi terror.

  • El Ideal Espartano de Citas (Absurdo):Las mujeres espartanas no tenían citas; tenían matrimonio por deber. La seducción era inexistente; a veces había un rapto simbólico, y la novia se rapaba la cabeza y vestía ropa de hombre. El hombre espartano solo volvía del cuartel a las tres de la mañana a escondidas. Cero romance, cero esfuerzo, 100% deber. ¡Una maravilla!
  • Mi Pánico de Concha (Real):Yo no quiero un rapto simbólico; quiero saber de qué coño vamos a hablar durante dos horas. Y no me voy a rapar la cabeza; me he pasado media mañana luchando contra el encrespamiento. Y a mí no me vale que venga a las tres de la mañana; yo a esa hora estoy frita.

Mis amigas empiezan el «proceso de venta»: «Es simpático, trabaja en esto y te va a encantar, Concha. Es un tío de puta madre.»

Y yo pienso: «Un tío de puta madre, según tu criterio de gente que no ha tenido que lidiar con mi nivel de caos diario.»

El Catálogo del Horror de la Cita a Ciegas

El verdadero terror de la cita a ciegas no es ir sola, es el factor sorpresa. Es como abrir una caja de Pandora cuyo contenido siempre es peor de lo que esperabas.

Mi mente empezó a proyectar el Catálogo del Horror:

  1. El Hombre Mueble (El Estoico de Bar):El que está tan controlado emocionalmente (a lo estoico, que predican la calma) que parece un mueble. Te habla de virtudes y racionalidad, y tú quieres soltar un grito para ver si reacciona. Yo soltando un «¡ME CAGO EN TODO!» terapéutico, y él, mirándome con la calma de Séneca. ¡Ni de coña!
  2. El Monologuista:El que no te pregunta nada y te cuenta la historia de su vida, su ex, su jefe… Y tú ahí, como Lola en la consulta, con cara de póker y ojiplática, esperando que se calle para poder pedir la cuenta.
  3. El «Arreglado» por las Amigas: El que, cuando te lo presentan, te das cuenta de que el «simpático» de tus amigas significa «pesado», y el «trabaja en algo interesante» significa «trabaja en algo que me aburre».

La Victoria del Sofá (Mi Decisión Espartana)

Yo decido que mi paz mental vale más que cualquier intento desesperado de ligoteo. Y esa, amigas, es una decisión más espartana y disciplinada que ir al gimnasio.

  • La Espartana (el Ideal): Se casaría por deber al Estado y para procrear hijos fuertes.
  • Yo (La Realista): Me quedo en casa por deber a mí misma y para procrear horas de Netflix sin interrupciones.

Cuando les dije a mis amigas un rotundo «¡NI DE COÑA!» y les expliqué el Catálogo del Horror, se quedaron en silencio. La victoria del caos. Porque no hay nada más atractivo que saber lo que quieres (y lo que no). Y yo, sinceramente, prefiero mi manta, mi Netflix y mi bocata a tener que fingir interés en el drama de un desconocido.

Y si alguien me va a dar un disgusto, que sea yo misma.

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