¡MARÍA CALLAS, ABSTENTE! Dejar el Yoga por el DO de Pecho (Y el Chismorreo de Mis Vecinos)

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La Puta Ilusión de la Prima Donna y la Quiebra de la Estética

A ver, queridas lectoras, si hay algo más devastador que el fracaso de una dieta, es el día en que descubres que tu talento artístico es una pura estafa. Después de la debacle del tango (donde mi cuerpo demostró ser un objeto rígido y disfuncional) y la agonía de la autodefensa (donde fui más grito que golpe), pensé: «La mente y el cuerpo me han fallado, ¡pero la voz es el alma! ¡Voy a cantar!»

Yo me imaginaba la fuerza expresiva, la potencia lírica, el glamour de una diva. Me veía en el escenario, conquistando con la melodía. ¡Qué inocencia! Yo quería ser la Guerrera de la Lírica, la que seduce con la vibración de las cuerdas vocales, la que impone respeto con la nota alta.

La realidad es que, al entrar a la clase, mi cerebro y mi garganta se pusieron de acuerdo en una sola cosa: esto va a ser un desastre sonoro. Mi cuerpo decidió que la afinación era una chorrada prescindible. Lo que salió de mí no fue un DO de pecho, fue un «¡BERRIDO DE CABRA EN CELO!».

La Profesora Estoica y el Horror Acústico

El drama no estaba en mi falta de pasión; estaba en mi carencia absoluta de tono. Yo creo que canto como un ángel. Mi cerebro me engaña. Pero el sonido que emitía era una ofensa a la física y una declaración de guerra al tímpano humano.

La profesora (una mujer que debe tener una paciencia de santo para sobrevivir a tanto aspirante a divo) me puso un ejercicio sencillo de vocalización. Yo ataqué la nota. Y claro, pasó.

La pobre se quedó petrificada. No se movía. Su rostro, diseñado para la imperturbabilidad y la calma, se transformó en una máscara de pánico. Vi el parraque en sus ojos. No el parraque físico, sino el colapso mental de alguien que se enfrenta a una catástrofe que no puede remediar con un Fa Mayor. Su mensaje silencioso fue: «¡Por los dioses! No es solo que desafines; es que destruyes la estructura molecular del aire

Intentó ser la Estoica y separar el juicio de la emoción, pero el sonido de mi voz era tan invasivo que le causó una ruptura emocional. ¡Se me atragantó la voz de golpe!

La Vergüenza Vecinal: El Chismorreo en el Súper

Pero el verdadero terror, el que me recuerda a la humillación, llegó con el juicio público.

Claro, yo ensayaba en casa con la única disciplina que tengo: la de hacer ruido. El aullido se propagaba por las ventanas y paredes… y llegaba a cada piso como una notificación de desastre.

Yo, que ya he superado el pánico a los kilos y la bronca del WhatsApp, ahora tengo que lidiar con el chismorreo de mis vecinos en el súper.

Me cruzo con la vecina del quinto (la misma que me juzga la compra). Ella me mira con auténtico espanto, no por mi compra, sino por mi voz. En sus ojos veo el titular: «LA VECINA DEL SEGUNDO HA INVOCADO AL DEMONIO CON UN REQUERIMIENTO VOCAL.» Me saludó con un gruñido y una prisa inusual por alejarse. ¡Hostia!.

Mi conclusión: la farsa del arte no es lo mío. Y mi verdadero superpoder no es el DO de pecho, sino mi capacidad de reírme de mi propia miseria y soltar un buen «¡ME CAGO EN TODO!» cuando la vida me obliga a intentar ser algo que no soy.

¿Te apetece decir algo?