¿¿CURVI QUEEÉ !!?? DÉJATE DE ÑOÑADAS, TENGO SOBREPESO Y LO SÉ.
Bienvenida al club de las Hartas.
(Sí, y sé que tengo que bajar peso, pero déjame vivir, joder, que estoy en ello)
Capítulo 1: Toda la vida luchando… y siempre aparece la iluminada
El Máster en Intentos Fallidos (Mejor que Hacienda)
Voy a empezar fuerte, porque ya nos conocemos. A estas alturas de la película, si estás aquí, seguro que llevas años lidiando con el peso. Que si dietas, que si batidos, que si la dieta de la piña, que si la de la alcachofa, que si la de “no cenes y desayuna aire”. ¡Joder!
Vamos, que tú y yo tenemos ya un master en intentos fallidos y en contar calorías mejor que Hacienda cuenta euros. Y no me refiero a contar tres días, me refiero a que podrías montar una asesoría nutricional ilegal con todo el conocimiento que tienes sobre el valor calórico de un calabacín y el índice glucémico de la avena. Has comido tanta lechuga que tienes carnet de coneja honorífica.
El borrador de tu vida está lleno de promesas rotas con la báscula: de perder 15 kilos y recuperar 20. Y todo por culpa de un metabolismo más vago que el de un oso en hibernación. Hay cuerpos que, aunque te alimentes como un pajarito y andes como si te pagaran por kilómetro, no se sueltan la grasa ni con dinamita.
Porque, amiga, el cuerpo es así. Tu camino es otro. A ti te va a costar más, sí, pero no porque seas peor, sino porque tu cuerpo y tu mente juega con otras reglas. Y aquí estamos, con nuestros kilos y nuestra cara de circunstancias.
La Iluminada de Turno: El Veneno de la Ignorancia
Y en todo este camino, SIEMPRE, pero SIEMPRE, aparece la iluminada de turno.
Esa amiga, conocida, hermana, compañera de trabajo, cuñada, prima lejana o vecina del quinto que, con toda la buena intención del mundo (o con ganas de tocar las narices, eso ya según el día), te suelta frases dignas de marcar en mármol en el Salón de la Vergüenza Universal.
Frases que merecen un buen «¡ME CAGO EN TODO!» silencioso:
- —Pues yo me propuse perder tres kilitos antes del verano y en dos semanas lo tenía hecho. (Y tú piensas: ¿Tres kilos? Yo estoy librando una guerra, no ajustándome el bikini).
- —A ver, si es fácil. Yo dejé el azúcar y los ultra procesados y mira qué tipín.
- — ¿Has probado ayunar? Yo estuve dos días solo con agua y caldo, y me quedé divina.
Y tú ahí, con cara de: “Cariño, si yo te contara lo que he probado… igual me daban un premio Nóbel por el sufrimiento”.
Porque esa gente no entiende que nosotras no estamos luchando por quitarnos tres kilos porque el bikini apriete, estamos librando una guerra. Una guerra de años.
El Agujero Negro Emocional (Cero Yoga, Mucha Tarta)
Y ahora viene el kit de la cuestión que las iluminadas no pillan, o no les da la gana de pillar: el sobrepeso no viene de que nos hayamos pasado en Navidad o de que nos guste demasiado el pan con mantequilla. NO.
Muchas veces el sobrepeso viene de que la vida nos ha dado por todos lados. De que hemos pasado pérdidas que nos rompieron el alma, situaciones de mierda que nos dejaron en el suelo recogiendo los trozos de nosotras mismas. De que hemos vivido depresiones que te sacan la vida a cucharadas, y la comida ha sido lo único que nos ha dado un poquito de consuelo.
Cuando la iluminada se estaba poniendo a hacer yoga al amanecer porque se sentía “descentrada”, tú estabas intentando levantarte de la cama después de meses llorando. Y lo único que te hacía no querer tirarte por la ventana era ese trozo de tarta de chocolate.
Así que no me vengan con el “es fuerza de voluntad”, porque esto no es una dieta, esto es haber sobrevivido.
La Rabia y el Sarcasmo Inteligente
Pero no, ellas te miran con esa sonrisita de superioridad y te sueltan el mantra: —Es que es fuerza de voluntad. Si quieres, puedes.
Y ahí es cuando tú, que eres buena persona, respiras hondo, te muerdes la lengua y piensas: “No le revientes el bolso, no le tires el tupper de quinoa por la ventana…”.
Lo que no saben es que has pasado más hambre que los concursantes de Supervivientes y has llorado más por una báscula que por algunos ex. Pero es que esto no va solo de querer. Va de hormonas, de genética, de emociones, de que tu cuerpo a veces se aferra a la grasa como si fuera un tesoro y tú fueras Gollum.
Y ojo: esa iluminada que te dice que es fácil, se come su tableta de chocolate de vez en cuando. Solo que no lo cuenta. Y tú, que te comes media galleta, al día siguiente te pesa el alma.
La próxima vez que te suelte su receta mágica para adelgazar, tú sonríes, asientes y piensas: “Claro, reina, claro… Y yo tengo el teléfono de Andy García, por si quieres llamarle”.
El Análisis Final de la Estupidez Crónica
- Tú no eres vaga.
- No te falta voluntad.
Las que te dan consejos, muchas veces, viven cagadas de miedo. Porque en cuanto cogen tres kilos, se ponen a temblar como si hubieran visto al anticristo. Y ahí las tienes, en ayunas, haciendo sentadillas mientras se beben un batido verde que sabe a césped mojado. Pero, eso sí, luego te miran con superioridad y te dicen: —Tienes que moverte más, ya verás qué bien te sienta.
¡Pues no, querida! Nosotras, las que tenemos sobrepeso real (del que pesa en el alma y en el culo), tenemos psicólogos, médicos, endocrinos y amigas que nos entienden. Sabemos que esto va más allá de “querer es poder”.
Por eso, amiga mía, JAMÁS te dejes hundir por estas listillas de pacotilla. Porque, aunque nosotras tengamos kilos de más, ellas tienen una enfermedad mucho peor: la ignorancia y la estupidez crónica.
Tu camino es tuyo. Nadie sabe lo que cuesta. Y no necesitas demostrarle nada a nadie. Solo a ti misma. Aquí estamos, juntas. Y con humor, que así pesa menos.
Capítulo 2: Come menos y anda más… Claro, y yo me hago monja
El Salón de la Vergüenza Universal
Si hay una frase que merece estar tallada en mármol en el Salón de la Vergüenza Universal, es esta: “Come menos y anda más”. Y no falla, siempre llega alguien con esa perla, con esa cara de que te está revelando el secreto mejor guardado de la NASA.
Como si tú llevaras toda tu vida pensando que adelgazar consistía en comer croquetas y ver Netflix tumbada. ¡Venga ya!
Vamos a ver, Mari carmen, que llevo más dietas que tú zapatos. Que he contado calorías, puntos, hidratos, grasas, proteínas y hasta las veces que he respirado fuerte. Que he probado desde la dieta de la sopa milagrosa hasta esa que te hacías amiga del atún en lata y del pavo a la plancha.
Y que he andado, reina. He andado más que Forrest Gump, más que el repartidor de Amazon en rebajas, más que una peregrina que va a Santiago por promesa… ¿Y sabes qué? Aquí estoy. Con mis kilos y mi cara de circunstancias.
Porque, amiga mía, esto no es tan fácil como “come menos y anda más”. Ojalá. Pero no.
El Metabolismo es un Capullo Dramático
Aquí está la madre del cordero, la excusa que la iluminada no acepta. Hay cuerpos que, aunque te alimentes como un pajarito y andes como si te pagaran por kilómetro, no se sueltan la grasa ni con dinamita.
- Porque resulta que el metabolismo es un capullo.
- Porque resulta que las hormonas son unas cabronas.
- Porque cuando has hecho más dietas que visitas al Mercadona, tu cuerpo vive en alerta y se agarra a las reservas de grasa como si fueran lingotes de oro en un búnker.
Pero eso, la iluminada de turno no lo sabe. Ella solo ve que tú sigues con tus curvas y cree que no te esfuerzas. Que te falta voluntad. Y claro, tú ahí, sonriendo por fuera y, por dentro, calculando cuántos años te caerían si le lanzas la botella de agua a la cabeza.
Esa frasecita no solo es dañina, es injusta. Te hace sentir que el problema eres tú. Que no te esfuerzas lo suficiente. Que eres vaga. Y eso, amiga, es lo que más duele. Porque tú sabes que te estás dejando la piel. Que has llorado delante de un plato de lechuga. Que te has pesado con miedo, como quien espera el resultado de un examen.
El Drama del Sabotaje Emocional
Y ojo, porque esto no va solo de no intentarlo, eh. Que muchas veces empezamos con fuerza. Nos venimos arriba, hacemos la compra llena de verduras, frutas y legumbres. Dices adiós a los ultraprocesados, le das un portazo a los donuts, y te crees que ya te va a salir una banda sonora épica como si fueras Rocky subiendo escaleras.
Y justo cuando parece que vas a por todas… ¡zasca! Caes.
Y no por hambre, ni por antojos, sino porque vuelven los problemas emocionales a tocarte la puerta como quien te deja publicidad de pizzas en el buzón. Ansiedad, estrés, traumas, pérdidas, la vida que te da una hostia sin avisar. Y claro, vuelves a buscar consuelo donde siempre lo has encontrado: en la comida.
Y ahí es cuando llegan las tikismikis a darte la chapa: —Pero bueno, ¿otra vez te has dejado? Si sabes lo que tienes que hacer… ¡PUES CLARO QUE LO SÉ, HIJA MÍA!. Pero saberlo no te salva cuando la cabeza está hecha un campo de batalla. Que por eso voy al psicólogo, porque la comida es refugio, anestesia, salvavidas.
Pero nada, ellas, erre que erre: —Uy, te noto la cara más redondita
La Solución Extrema: Hacernos Monjas (O la Mofa de la Perfección)
Así que, grábate esto en la cabeza: No eres vaga. No te falta voluntad.
Las que te dan consejos, muchas veces, viven cagadas de miedo. Porque en cuanto cogen tres kilos, se ponen a temblar como si hubieran visto al anticristo. Y ahí las tienes, en ayunas, haciendo sentadillas mientras se beben un batido verde que sabe a césped mojado.
Y luego te miran con superioridad y te dicen: —Tienes que moverte más, ya verás qué bien te sienta.
Claro, claro. ¿Y si me hago monja? Así me quito de pensar en la comida. ¿O me mudo a Marte, que ahí no hay ultraprocesados?
Pues mira, no. Aquí estamos, con nuestras carnes, nuestra lucha y nuestro sentido del humor. Porque igual no tenemos el tipazo de Instagram, pero tenemos algo mejor: Resiliencia. Y ovarios.
La próxima vez que te digan lo de “come menos y anda más”, tú sonríes, di “gracias por tu sabiduría”… Y sigue a lo tuyo. Y si alguna vez te da por hacerte monja… bueno, al menos no te pesarán cada semana en el convento. Que igual es más fácil que este circo.
Capítulo 3: Los Puñales Disfrazados de Consejos: Frases que te Hinchan Emocionalmente
La Atracción de Feria y el Jurado del Certamen
Hay cosas que te hinchan físicamente: no llevar horarios para comer, saltarte el desayuno, comer tarde, mal y a destiempo, y ya sabemos… lo de la mala nutrición, que entre ultraprocesados, fritangas y cenas a las once, pues hija, no hay metabolismo que aguante.
Pero luego están las frases que te hinchan emocionalmente. Esas que te sueltan como quien comenta el tiempo, pero que a ti te dejan con ganas de irte a vivir a un pueblo perdido donde no te conozca nadie y nadie te pregunte nada.
Porque no falla: cuando tienes sobrepeso, la gente se cree con derecho a opinar sobre tu cuerpo. ¡Gratis!. Sin que se lo pidas. Como si tú fueras una atracción de feria y ellos el jurado del certamen “Pierde Kilos 2025”. Y ojo, que lo peor es que lo hacen con la sonrisa puesta. Como si te estuvieran ayudando.
Pero tú por dentro piensas: “¿Ayudarme? Me estás haciendo el nudo de la soga, guapa”.
Así que aquí van las frases estrella que todas hemos tenido que soportar y que, si no fuera porque tenemos más paciencia que un santo, ya estaríamos todas fichadas por la Interpol.
La Falsa Preocupación: El Diagnóstico Visual Gratuito
Esta categoría es la de los puñales con vaselina. Te la sueltan con un aire de superioridad que te hace sentir que te has saltado todas las clases de Biología.
“Te veo más grande, pero bueno, lo importante es estar sana”
Claro, claro… ¿Más grande de qué? ¿De alma? ¿De espíritu?. Porque si te refieres a que llevo dos tallas más y respiro fuerte al subirme los pantalones, dilo claro, guapa. Y lo de “lo importante es estar sana” suena a: “Me alegra que te puedas mover aún sin oxígeno”. Porque te miran con esa condescendencia de quien espera que te dé un infarto en la cola del súper.
“Bueno, mientras no te afecte la salud…”
Esta es de las campeonas. Te la sueltan mientras te recorren de arriba abajo con los ojos, como si estuvieran evaluando si llegas viva a Navidad. Y con la mirada te están diciendo: “Pues yo creo que ya te está afectando, maja, que te noto falta de aire subiendo el bordillo”.
Y claro, tú piensas: “¿Qué te importa a ti?
La Iluminada Avanzada y la Nutrición de Wikipedia
Aquí entra la prima hermana de la que hablamos en el capítulo anterior: Las expertas del bar y la nutrición de Wikipedia. Esa ser iluminada que sabe más de nutrición que tu endocrino, tu dietista y la Organización Mundial de la Salud juntas. La que se ha leído dos artículos en Facebook y cree que tiene un máster en metabolismo avanzado.
“¿No has probado a comer más sano?”
¿Más sano? ¿Más?. Mira, cariño, me sé de memoria la tabla nutricional de la pechuga de pavo, el valor calórico de un calabacín y el índice glucémico de la avena. He comido tanta lechuga que tengo carnet de coneja honorífica. Pero claro, tú, que te comes tus napolitanas de chocolate y no engordas ni un gramo, vienes a darme lecciones.
Las Perlas de la «Experta» (¡QUE NO SOY IDIOTA, COÑO!)
Y ahí empiezan las perlas de esta gente:
- —El azúcar es veneno.
- —Tienes que probar el ayuno intermitente, mano de santo.
- —No comas fruta por la noche, que engorda más.
- —El gluten es malísimo, aunque no seas celíaca.
Y tú, con la cucharilla del café en la mano, piensas: “O me la meto en el ojo, o se la clavo a ella”. Porque, cariño, YO YA ME SÉ TODO ESO. Que he leído más sobre nutrición que algunas médicas. ¡QUE NO SOY IDIOTA, COÑO!.
La próxima vez que la experta del bar te suelte su discurso, tú sonríe, respira hondo y piensas: “Claro que sí, campeona… pero viendo cómo picoteas esos aperitivos, yo me haría unos análisis de colesterol”. Y te comes lo que te dé la gana, porque saber de nutrición no está reñido con vivir. Y porque, al final, lo único que engorda más que el azúcar es la estupidez.
La Crítica Disfrazada de Amor y la Gordofobia
Aquí entramos en el terreno pantanoso. Hay frases que te joden el día, y luego están esas que te joden la autoestima durante semanas. Y lo peor es que te las sueltan con una sonrisita y el tono de “yo solo quiero ayudarte”.
- “Tienes una cara tan bonita…” (Pausa dramática) “… Si bajaras unos kilos, estarías espectacular”. Vamos, que tu cara les gusta, pero tu cuerpo les ofende.
- “No es por criticar, pero…”. Cuidado. Cuando una frase empieza así, lo que viene después es PURO VENENO. Lo que quieren decir es: “Voy a criticarte, pero quiero que parezca que lo hago por tu bien”.
PERO MIS COJONES.
Mucha de esta gente que opina tan alegremente lo que tiene es gordofobia. Van de que les preocupa tu salud, pero en realidad lo que les molesta es que tu cuerpo no encaja en sus estándares de “buenorra de revista”.
Si de verdad quieren ayudarnos, que se callen y nos escuchen. Que nos pregunten: “¿Cómo estás?” o “¿Necesitas desahogarte?”.
Eso sí es ayudar. Eso sí es querer. Eso sí es entender que detrás de cada kilo hay una historia, y que opinar sobre el cuerpo de los demás no es bondad: es ser idiotas por que al menos yo no les ge dado permiso para ello.
La Declaración Final: No Te Debo Explicaciones
A ver, partamos de una base clara: mi cuerpo es mío y no te debo explicaciones. Ni a ti, ni a tu vecina, ni a la cuñada del quinto. Pero resulta que vivimos en un mundo donde si tienes sobrepeso, te sientes casi obligada a justificártelo todo.
Porque aquí va la realidad: Soy una tía de puta madre. Y si no lo ves, el problema no lo tengo yo. Lo tienes tú.
Así que la próxima vez que alguien te pida explicaciones, amiga, acuérdate de esto:
- No se las debes a nadie.
- Si las das, que sea con la cabeza bien alta y con el sarcasmo afilado.
- Y si te dicen que te ven más gorda, puedes responder: “Sí, cariño, y sin embargo yo tengo educación y no te digo lo que pienso de ti, idiota”
Y te vas. Con tus kilos y tu dignidad. Porque tu cuerpo es tuyo. Y punto.
Capítulo 4: Las Dietas Milagro y sus Traumas de por Vida
La Montaña Rusa de la Desesperación
Ay, las dietas… Ese precioso invento del demonio diseñado para que las gordas vivamos en una montaña rusa entre la esperanza y la desesperación.
Porque claro, tú quieres perder peso, y ahí es cuando llega la oferta infinita de soluciones mágicas: la dieta de la piña, la del pomelo, la de la sopa milagrosa, la de la alcachofa, la keto, la paleo, la de los astronautas, la del ayuno intermitente, la que te dice que cenes aire y fumes para calmar el hambre….
Y tú, que estás harta de luchar y te agarras a un clavo ardiendo, vas y te metes en una de esas. Y al principio, oye, parece que funciona. Pierdes tres kilos en cinco días y ya te ves en la portada del Cosmopolitan. Te imaginas delgada, corriendo por la playa con un bikini blanco y el pelo al viento como si fueras una mezcla de Pamela Anderson y Elsa Pataky.
Pero luego… Luego llega EL DÍA 6.
Ese día en el que sueñas con bocadillos de chorizo, hueles croquetas por la calle aunque nadie las esté haciendo y te cabreas con tu familia solo por estar respirando cerca de la nevera.
Y claro, caes. Porque no somos robots. Porque una dieta que te hace sufrir no es sostenible. Porque, amiga, NO PUEDES VIVIR COMIENDO PIÑA TODA LA VIDA. Ni sopa. Ni yogures 0% con semillas de cosas que ni sabes pronunciar.
Así que caes. Y te comes el bocata, las croquetas, la pizza y, ya que estamos, el postre también. Porque pa’ qué andarnos con tonterías.
El Ciclo Infernal: Culpa y Kilos Extra de Regalo
Y al día siguiente, subes a la báscula y ves que has recuperado los tres kilos… y uno más de regalo. Y ahí llega el drama: la culpa, el llanto, el “no valgo para nada”, el “me quedo así y que le den por culo al mundo”.
Vamos, que entras en el ciclo infernal que todas conocemos: Dieta → Hambre → Cabreo → Atracón → Culpa → Más kilos → Y vuelta a empezar.
Y ojo, que cada vez que entras en ese bucle, te vas destrozando un poco más. Por fuera y por dentro. El metabolismo se ralentiza, las hormonas se vuelven locas y tu autoestima acaba debajo de la alfombra.
Pero claro, esto las influencers del batido detox no te lo cuentan. Ellas solo suben la foto con el té verde y el abdomen plano. Y tú piensas que el problema eres tú, que no tienes fuerza de voluntad.
Pues no, bonita. El problema no eres tú. El problema es que te están vendiendo humo. Porque, amiga, las dietas milagro NO FUNCIONAN. Y lo que hacen es destrozarnos la salud física y mental.
La Única Regla de la Nevera
Así que apúntate esto en la nevera:
- Las únicas dietas que funcionan son las que se adaptan a tu vida.
- Las que te enseñan a comer, no a sufrir.
- Las que no te hacen llorar por una pizza.
- Las que puedes mantener hoy, mañana y dentro de diez años.
- Y sobre todo: Las que no te hacen sentir mierda cuando caes. Porque caeremos. Siempre. Y lo importante no es no caer, es no rendirse.
Y si alguna iluminada te dice: —Yo con la dieta de la alcachofa perdí 15 kilos…
Tú respóndele con esa tranquilidad que da la sabiduría: “¿Y qué tal tus riñones, guapa? ¿Siguen vivos o ya los vendiste?”. Y te vas. Con tus curvas, tu dignidad y tu bocadillo, si te da la gana. Porque sabemos que tenemos que perder peso, sí. Pero también sabemos que tenemos que vivir. Y sin salud mental, amiga, no hay dieta que valga.
Capítulo 5: ¿Y el Ejercicio? Claro, con 40 kilos de más es facilísimo
El Peso de la Compra del Mercadona (El Coche de la Gimnasia)
Porque claro, cuando tienes sobrepeso, el consejo estrella que te cae como una losa siempre es el mismo: —Tienes que moverte más. —Camina. —Haz ejercicio. —¡Anímate con el gimnasio, mujer, que te vas a enganchar!.
Y claro, tú piensas: “¿Enganchar? Sí, a la bombona de oxígeno, como siga así”.
Porque, amiga, hacer ejercicio con sobrepeso no es lo mismo que hacerlo con 60 kilos y un top monísimo. Que una cosa es salir a correr cuando pesas poco y otra es mover 103 kilos y sentir que te estás llevando la compra entera del Mercadona encima.
Así que, antes de que alguien te vuelva a decir que “andar es fácil” o que “el gimnasio es para todos”, explícale esto:
- Subir escaleras con 40 kilos de más es como llevar dos garrafas de agua en cada pierna. Que la gente se cree que no andamos porque somos vagas, pero intenta tú cargar con 40 kilos extra todo el día.
- Subir al autobús ya es cardio, y agacharte a por algo que se te ha caído es crossfit.
- Correr con sobrepeso no es deporte, es supervivencia.
Porque cuando pesas 100 kilos y corres, no oyes tus pasos: oyes tus rodillas pidiendo auxilio. Cada zancada es como si tuvieras que amortiguar un terremoto, y claro, el traumatólogo ya te está haciendo hueco en la agenda solo con verte pasar.
La Mirada Delgada-Chismosa del Gimnasio
Apuntarte al gimnasio no es fácil. Que la gente cree que es solo ir, pagar y listo, pero nadie te avisa de la mirada delgada-chismosa en cuanto entras.
Que tú vas con tu camiseta ancha y tus ganas de cambiar, pero sientes que las de la malla ajustada te escanean como Terminator. Y claro, tú, que ya llegabas con inseguridad, te quieres meter en la taquilla y no salir.
“Caminar es fácil”, dicen… Claro, si no pareces un jabalí subiendo una cuesta. Porque una cosa es andar tranquilamente, y otra es que cuando llevas 10 minutos sientes que te falta el aire y empiezas a mirar bancos como si fueran oasis en el desierto.
Y ojo, que queremos hacer ejercicio. Sabemos que lo necesitamos. Sabemos que es salud. Pero, amiga, también sabemos que el camino es duro y que empezar cuando tienes sobrepeso no es lo mismo que empezar con cuerpo de revista.
La Resiliencia y el Humor Final
Así que, si un día sales a caminar y haces 15 minutos, no pienses que es poco: es la hostia. Si te apuntas al gimnasio y solo aguantas 20 minutos, no te sientas mal: has ganado.
Porque esto no va de sufrir. Esto va de cuidarse. De quererse. De avanzar a tu ritmo, no al de las del Instagram.
La próxima vez que alguien te diga “haz ejercicio, que te vas a enganchar”, tú le dices: “Claro, guapa, y si no me engancho, pues ya me engancharé a una silla cómoda, que tampoco pasa nada”. Y te ríes. Porque el humor también es salud.
Capítulo Final: Resiliencia, Ovarios y la Píldora de la Única Verdad
La Receta MÁS FÁCIL para Perder Kilos
Amiga, si has llegado hasta aquí, te mereces un aplauso y un bocata de jamón (desgrasado, que nos miran). Porque este viaje no ha sido fácil, ni para ti que lees, ni para nosotras, que lo vivimos cada día.
Sabemos que el sobrepeso no es salud. Sabemos que queremos mejorar. Sabemos que no es tan fácil como comer menos y andar más. Pero, sobre todo, sabemos que valemos mucho más que un número en la báscula.
Yo, la que te escribe, la que te dice que mandes a la mierda a las iluminadas, soy la prueba viviente de que esto va de fuerza de voluntad acompañada de ciencia y de no ser gilipollas.
Aquí va la chicha sin filtros: Mido 1 metro y 60 centímetros (sí, una miniatura a la que el sobrepeso le pesa el triple), llegué a pesar 103 kilos y, claro, la cosa explotó: desarrollé diabetes tipo II.
Ahí fue cuando dije: “Basta ya de chorradas y de gurús del té verde”. Me puse en manos de profesionales de verdad: mi médica de medicina familiar, la enfermera y la psiquiatra. Sí, a las tres. Lola, Mari Mar y Vanessa (desde aquí les mando mi más profundo respeto y un abrazo de oso, que ellas sí saben).
Y el resultado, ¿sabes cuál es? El resultado de dejar de escuchar a las cuñadísimas y escuchar a la gente que estudió para esto: la diabetes está controlada y estable, y en solo cinco meses me he quitado de encima 16 kilos. ¿Pasando hambre? ¿Sufriendo como en los reality shows? No, querida. Sin agobiarme y sin pasar hambre hambre por que me han enseñado a comer y gracias al acompañamiento profesional y la medicación.
Porque, claro, la vida es una perra. Tuve una recaída, cogí 6 kilos y por un momento el «que estúpida soy» me picó a la puerta. ¿Y qué hice? lo mandé a freír espárragos, me levanté, miré para alante, y seguí con mi plan después de hablar con mi médica de mi recaida y los motivos de ello.
Así que aquí está el consejo más importante, el único que vale: querida lectora, olvídate de las cuñadísimas, del limón en ayunas y de las chorradas de Instagram. Tu salud no es un juego. Tan solo los profesionales son los que te van a ayudar a que tu salud mejore. No busques el milagro; busca la ciencia y la empatía real.
El Arte de Levantarse (Y con Dos Ovarios)
Y sí, nos caemos. Una, dos, diez veces. Pero también sabemos levantarnos. Con lágrimas, con rabia, con culpa… pero nos levantamos. Porque, amiga, esto no va de ser perfecta. Va de ser fuerte. Va de querernos hoy, aunque nos sobren kilos.
Así que no te compares con nadie. Ni con la del Instagram que hace yoga en la playa. Compárate contigo. Con la mujer que eras ayer. Y con la que, pase lo que pase, no va a dejar que nadie le diga lo que vale.
Porque vales todo, amiga. Peses 60, 80 o 120 kilos.
La Sentencia Final
Aquí tienes el kit de supervivencia para las preguntas más estúpidas que te van a soltar, respondidas con la dignidad y el sarcasmo que solo tú manejas:
| Frase del Metomentodo | Respuesta Concha Style |
| “¿Por qué no adelgazas?” | Uy, no se me había ocurrido. Mira, llevo años investigando la fórmula, pero creo que me falta tu consejo para dar con la clave, guapa. |
| “¿Y si dejas el pan?” | ¿Y si tú dejas de dar por saco? Es broma, cariño. Pero no. No voy a dejar el pan, que es lo único que me mantiene cuerda. |
| “¿Te has planteado un balón gástrico?” | ¿Y tú te has planteado un bozal? |
| “Yo solo quiero ayudarte.” | Pues ayúdame a pagar la hipoteca, guapa, que eso me vendría mejor que tus frases. |
ERES UNA MUJER FUERTE. ESTÁS HACIENDO LO QUE PUEDES. Y LO QUE PUEDES, AMIGA, ES MUCHO.
Un cálido abrazo. Concha G.
me siento muy identificada con lo que escribes. mi lucha con el sobrepeso es de hace muchos años y es horiible y mas la gente. mw ha gustado lo claro que hablas de ello.
y lo que me he reído jjajajjajaa
estoy encabtada de leerte