¡AVISPA ENERGÚMENA! Dejar el Tango por el Puñetazo (Y por qué la Patada Espartana No Es lo Mío)
Del Crujido de la Columna a la Patada Descoordinada.
A ver, queridas lectoras, si hay algo más triste que una pizza sin queso, es mi historial de disciplina física. Después del terror del tango (donde mi columna sonó como una puerta vieja que se abre después de un siglo y mi seducción murió), decidí que el glamour no era lo mío.
No más contoneos, no más ritmos latinos. Ahora tocaba ser funcional. Toca ser la Mujer de Hierro que sabe defenderse. Toca la Defensa Personal.
Yo entré a la clase con la mentalidad de ser una guerrera espartana. El ideal espartano era el de la fuerza bruta y el laconismo: si hay un problema, lo resuelves con un puñetazo, sin dar explicaciones. ¡Hostia! La paz.
El Terror de la Agresividad y el Manual Inhumano
El profesor (que, por suerte, no estaba tó buenorro como el de tango, lo cual minimizaba la vergüenza) nos dijo: «Aquí vamos a trabajar la agresividad. Tienen que ser un puño, no un junco.»
Y aquí vino mi primer problema: la agresividad simulada. Yo puedo soltar un «¡ME CAGO EN TODO!» cuando el móvil se me cae al váter, pero ¿pegarle a un saco con rabia real? Me sentí como una avispa energúmena, mucho ruido y pocas nueces.
Intenté aplicar la disciplina estoica (separar la emoción de la acción), pero mi cerebro se rebeló:
- La Razón (La Espartana): «Golpea con la máxima fuerza. No pienses en el dolor. Es tu deber»
- Yo (La Caótica): Pienso: «Si golpeo muy fuerte, me va a doler la muñeca. ¿Y si le hago daño al saco? Y, ¿de verdad sé dónde está mi hijo ahora mismo?»
La Patada Descoordinada y el Juicio del Profesor
El profesor nos puso a practicar la patada lateral. Yo quería hacer esa patada espartana que te tumba al enemigo de un golpe.
La realidad es que mi cuerpo actuaba como un Pato Mareado en fase de colapso. En lugar de la patada de Jackie Chan, salió un movimiento ridículo que se parecía más a un intento desesperado de quitarse un zapato.
El profesor me corrigió con esa paciencia de santo que solo tienen los que saben que lo suyo es pura ciencia: «Concha, tienes que rotar la cadera, el pie, la rodilla, la cara, la mente… todo debe ser un bloque.»
Y yo pensaba: «¡Hostia! ¿Rotar la cadera, el pie, la rodilla, la cara, la mente? ¡Si solo iba a darle una patada!».
El Descubrimiento: Mi Arma Secreta
Y es ahí donde descubro mi verdadera arma de defensa: la sorpresa del taco.
Si un atacante me viene a pegar, yo no lo voy a tumbar con una patada lateral. Lo voy a tumbar con un «¡ME CAGO EN TODO LO QUE SE MUEVE!» que le dé un ataque de risa o un shock de desorientación.
- La Patada Espartana: Requiere años de disciplina y un cuerpo flexible.
- Mi Taco Terapéutico: Requiere cero coordinación y máxima sinceridad emocional.
Mi conclusión: la Defensa Personal no es solo física; es verbal y psicológica. Y yo, en lugar de la Patada Espartana, voy a usar el Grito Terapéutico que desoriente al enemigo.