¡LA POLICÍA DEL LENGUAJE ME TIENE HASTA LOS OVARIOS! Hablar con Miedo no es Respeto, es una Puta Tortura

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¡HOSTIA! El Examen Permanente y el Diccionario de Cristal

A ver, queridas lectoras, si algo me tiene agotada —y no es por la menopausia precoz, ni por los microinfartos en el súper, ni por la vecina ninja del “¡Ay!”— es el maldito miedo a abrir la boca.

Estamos viviendo en un examen permanente de lengua y moral. Parece que cada vez que voy a soltar una frase, mi cerebro neurótico tiene que pasar un filtro de seguridad tipo aeropuerto:

  • “¿Se puede decir esto?”

  • “¿He usado el artículo inclusivo o me van a mandar al paredón social?”

  • “¿Alguien se va a ofender porque he dicho ‘coño’ ?”

¡Hostia puta! Yo no tengo mala intención, ¡tengo boca! Y la tengo desde hace mucho tiempo, entrenada en la ironía y la verdad sin filtros. Hablar hoy en día se ha convertido en una carrera de obstáculos psicópata donde, si te tropiezas con una sílaba, te cae encima la caballería con el silbato de la superioridad moral.

👮‍♂️ La Policía Emocional y el Máster en Terminología Cambiante

Yo no tengo problema con que la gente quiera que se la llame de una forma u otra. Me parece estupendo. Lo que me tiene el Xoxo Moreno inflamado es la vigilancia constante.

Esa peña con cara de seta que está esperando a que metas la pata para soltarte el discursito de: “Eso no se dice”, “Eso es antiguo”, “Eso ya no se usa”.

¡Perdona! Yo estoy intentando sobrevivir a la factura de la luz y a que mi perro traidor no se mee en la alfombra, no tengo tiempo para aprobar un máster en terminología cambiante cada trimestre. Lo que hoy es “progresista”, mañana es “ofensivo”, y una ya no tiene edad ni energía espartana para andar actualizando el diccionario moral cada vez que sale el sol.

🥊 No es Odio, es Cansancio (Y del Gordo)

Que quede claro: no estoy en contra de nadie. No quiero explicarle la vida a nadie ni decirle cómo tiene que ser. Lo que no quiero es vivir con la ansiedad de estar revisando mentalmente cada frase por si acaso.

Cuando hablar te da más estrés que el silencio, algo se ha torcido en esta sociedad de cristal. Se supone que somos libres, pero nos hemos montado una cárcel de palabras donde si no usas el giro idiomático de moda, eres “mala persona”.

¡Y no, hija, no! No soy mala persona por decir las cosas claras. Soy una mujer auténtica que valora su autonomía.

  • Antes: Metías la pata, pedías perdón, te explicabas y seguíamos con la vida.

  • Ahora: Metes la pata y parece que estás firmando un contrato de rescisión de tu dignidad humana. Te ponen la etiqueta de “facha”, “dejada” o “insensible” en lo que tardas en decir “¡A tomar por saco!”.

👑 El Triunfo del Coño Moreno frente al Linchamiento

Estoy hasta los ovarios de tener que demostrar todo el rato que soy buena, correcta, consciente y actualizada. ¡Basta ya!

Yo quiero vivir en un mundo donde:

  1. Se pueda hablar con naturalidad.

  2. Te puedas equivocar sin que te monten un tribunal en Twitter o en la panadería.

  3. El respeto sea algo real, no una farsa de palabras bonitas que ocultan una vigilancia enfermiza.

Si decir lo que pienso, con mis tacos y mi laconismo espartano, incomoda a alguien… lo siento, pero me da igual. No voy a renunciar a mi voz para que cuatro petardas del amor hermoso se sientan moralmente tranquilas.

Bastante tengo ya con mis sofocos, mis gafas de búho y mis instintos psicópatas de cuando me aburro, como para encima tener que pedir permiso para respirar por la boca.

🏁 Conclusión: Respeto Sí, Miedo No

Mi Coño Moreno elige la libertad. Elijo decir lo que me sale del alma, porque la honestidad es el único remedio casero que de verdad funciona para no volverse loca en este mundo de locos.

Si buscas a alguien que te hable con palabras edulcoradas, vete a buscar a la vecina petarda. Aquí encontrarás verdades como puños y una mujer que se niega a vivir con la boca cerrada.

¿Te apetece decir algo?