¡NI EN BROMA! La Tiranía de la Navidad (Y la Estrategia Espartana para Escapar del familiar al que no puedes ni ver)
El Terror Navideño y la Tiranía de la Felicidad Forzada
A ver, queridas lectoras, si hay algo que me saca de quicio y me recuerda que la sociedad es una puta farsa, son las Navidades. Lo siento, pero lo tenía que soltar. ¡Coño, no me gustan las Navidades ni la cena con la familia! Y no pasa nada por decirlo.
Pero, claro, no puedes decirlo. Si lo dices, te miran como si fueras el Grinch, el Anticristo y el Grumpy de los siete enanitos, todo a la vez. Parece que hay una tiranía emocional que te obliga a estar feliz, a cantar villancicos y a tragarte el drama familiar con una sonrisa de oreja a oreja.
¡Y una mierda!
El problema no es la fecha; el problema es la obligación de reunirte con familiares que no tragas, con los que no te llevas bien, y a los que, con suerte, solo ves dos veces al año. Y si solo los ves dos veces al año, ¡por algo será! No es casualidad, es una estrategia de supervivencia.
La Conspiración de la Cena y el familiar Hostil
El ambiente de la cena de Nochebuena es el equivalente a una montaña rusa construida por un ingeniero borracho cómo el estrés, pero con luces de colores. Sabes perfectamente que van a montar el pollo. Sabes que va a haber el típico comentario sobre tu vida, tu peso, tu trabajo o reproches, puliitas…. Y aquí es donde el Ideal Espartano me parece la única forma de sobrevivir.
- La Espartana (El Ideal): Resolvería el conflicto familiar con la máxima eficiencia y el laconismo. Si el familiar es problemático, lo aislaría por el deber al polis (comunidad). Cero dramas.
- Yo, Concha, de Barrio (La Neurótica de la Nochebuena): Yo tengo que hacer un cálculo mental para ver dónde me siento para que el familiar hostil no me pille por sorpresa.
Y el verdadero drama es que se te hace sentir mala persona si esos putos días por cojones no te reúnes con la familia. ¡Cómo si no hubiera más días en el año! ¡Es la hipocresía máxima! La gente que no te respeta el 90% del año exige tu presencia por deber emocional el 10% restante o lo que sea, es que tampoco soy de las que idealizan la familia, en ocasiones mejor cada uno en su casa y Dios en la de todos.
Mi Estrategia de Huida Laconista (La Táctica Militar)
Pero este año, ¡se acabó la tiranía! He ideado una estrategia de guerra digna de un general espartano. Mi objetivo es el máximo rendimiento con el mínimo de sufrimiento.
- Llegada Tarde Estratégica: Mi plan es llegar a la cena justo para sentarme a cenar. Ni aperitivos, ni pre-cena, ni el salseo Cuando llego, la gente ya está sentada y no hay tiempo para hacer preguntas estúpidas.
- Misión de Infiltración: Actitud de “Mujer de Hierro”. Hablar lo justo, sonreír lo necesario y focalizarme en la comida (que para eso dices que nos reunimos, coño).
- La Huida Express: La clave del éxito. Mi estrategia es irme según terminemos de cenar. ¡Cero postres, cero villancicos, cero café y copas! El tiempo máximo es la duración de la cena.
El Monólogo de la Victoria (El Laconismo Brutal)
Y aquí viene el clímax, la sentencia de Concha que me va a salvar la salud mental. Sé que alguien me va a preguntar: “Oye, ¿ya te vas? ¡Qué borde! ¡Pero si acabamos de terminar!”
Y mi respuesta será laconista, tranquila y devastadora, sin levantar la voz. Aplicaré el laconismo brutal que tanto admiraban los espartanos:
“Vengo todos los años y todos sabéis que paso de estas fiestas. Os invité a celebrarlo en mi casa. Daos con un canto en los dientes con que haya venido a cenar, que no respetáis mi salud mental. ¡Y a tomar por saco!”
Esa frase no es un ataque; es una defensa espartana de mi salud mental. Es decir: “Mi paz es más importante que vuestra hipocresía. Acepto mi deber (venir a cenar), pero no acepto vuestra tiranía (quedarme a sufrir).”
¡Y a tomar por saco!