¡CLIMA TROPICAL EN NOVIEMBRE! Menopausia Precoz a los 40, Sofocos y la Ciencia del Abanico (Y mi Caída en el Abismo de las Hierbas)
🤯 ¡HOSTIA! Los 40, el Diagnóstico y la Puñalada del ‘Stop’ Hormonal
A ver, queridas lectoras, si algo define la puta locura de mi vida es la capacidad de mi cuerpo para ir siempre por delante… o por detrás… o por donde le da la santa gana.
Yo tuve una menopausia precoz a los 40 años. ¡Coño! Cuando el mundo te dice que estás en la cúspide de la vida, a mí el cuerpo me dijo: “¡Stop! ¡Se acabó la producción!”
Y claro, el diagnóstico vino con una secuela que no es un chiste: los sofocos. Y, por supuesto, la grasa acumulada de los kilos que me sobran hoy, justo a la hora de ponerme a trabajar en este proyecto de blog.
🔥 El Infierno Personal en Pleno Otoño
El drama no es el calor en sí; es la incoherencia cósmica.
Mi cabeza se ha dispersado justo cuando me he dado cuenta de que en pleno noviembre me estoy abanicando como si fuera agosto y me sobra la ropa del calor que tengo.
- El Mundo Exterior (La Farsa): La gente va con bufandas, abrigos y gorros. El termostato está puesto en modo “laconismo espartano” (bajo, para ahorrar en la factura, que la economía está chunga).
- Mi Mundo Interior (El Sáhara): Yo estoy sudando a chorros, con la sensación de que alguien ha puesto un calentador industrial debajo de mi silla. El abanico no es un complemento; es una herramienta de supervivencia.
⚖️ La Grasa Acumulada: Mi Aislamiento Térmico Fallido
Y hablemos de la grasa acumulada y los kilos. Con mi diabetes y la dificultad para adelgazar, la grasa es el recordatorio físico del desajuste.
Mi teoría estoica y absurda es: la grasa acumulada es la prueba física de que mi cuerpo está intentando crear una capa aislante contra el frío que mi cerebro se niega a sentir. Es una capa de supervivencia que, irónicamente, me hace sudar más. ¡Puta locura!
🌿 El Abismo de los Remedios Caseros (Y la Psicopatía Wellness)
Y de ahí, ya sabes. Cuando la mente neurótica y agobiada por el calor busca una solución rápida, ¿dónde va? A Internet.
Así que he empezado a curiosear por Internet remedios caseros para tomar para no tener tantos sofocos.
Y aquí es donde el instinto psicópata de la auto-medicación toma el control.
- El Listado de Hierbas: Veo salvia, trébol rojo, cimicífuga. Me imagino en la cocina, con el ventilador puesto, pareciendo una bruja de Harry Potter preparando un caldo de dudosa procedencia.
- La Dosis Casera: El problema es la dosis. Como la ansiedad me presiona, no pienso: “Un poquito, con calma.” Pienso: “¡Todo! ¡Y a ver si funciona de golpe!” Y ya me veo con una intoxicación de hierbas en el hospital, con el dermatólogo estoico de la vez anterior, preguntándome qué potingue exótico me he bebido esta vez.
- El Miedo al Sarpullido: Y, por supuesto, la voz de mi subconsciente gritando: “¿Me saldrá sarpullío a lo basto?“ después de beberme una infusión con la potencia de un reactor nuclear. ya sabes! El ciclo se repite: ansiedad → búsqueda psicópata → caos corporal → vergüenza máxima.
👑 La Dignidad del Abanico y el Triunfo de la Resignación
Mi conclusión es que no hay Geisha, ni salvia, ni bicarbonato que valga. La vida es hormonal. Y la única forma de sobrevivir es con dignidad y un buen abanico.
La fuerza espartana no está en curar los sofocos, sino en aceptar el infierno interior mientras te ríes del mundo que va con bufanda.