LAS FEMINISTAS DE SOBAQUERA: El Drama de Dejarse Pelos (Y por qué Repetir un Mantra no Te Convierte en Frida Kahlo)
La Tiranía de la Estética Militante y el Nuevo Deber Social
A ver, queridas lectoras, si hay algo más agotador que ir a la farmacia y encontrar una polla de mal gusto pintada en la pared, es la puta obligación de ser una feminista «visible».
Yo, que ya he asumido que mi vida es un caos y mi talento es el desparpajo, me he dado cuenta de que hay una nueva raza de guerreras sociales que, en el fondo, me dan más pereza que la lista de la compra.
Hablo de las «feministas de pacotilla». Esas que creen que por el simple hecho de que se dejan los pelos de los sobacos largos o que repiten mantras como loros ya son las one wuan feministas. ¡Y ni de coña!
Yo me dije: «Vale, Concha, sé la Mujer Estoica y no juzgues. El feminismo es acción, no estética.» Pero ¡hostia!, es que hay que tener estómago para ver tanto postureo y tan poca chicha.
El Nuevo Ritual de Tortura: La Sobacada Pública
El tema de los pelos es mi favorito, porque es donde la hipocresía alcanza niveles de ópera.
Seamos claras: las mujeres espartanas no se depilaban (¡ni de coña!), porque su cuerpo era una máquina de guerra y no una barbie. El vello era la menor de sus preocupaciones. Ellas tenían la disciplina del deber, no la disciplina de la pinza de depilar.
Pero ahora, el acto de dejarse los pelos de los sobacos largos se ha convertido en una performance pública, un acto de militancia que requiere fotografía para Instagram y declaración de intenciones.
- La Tiranía del Look: Si te depilas, eres una esclava del patriarcado. Si no te depilas, eres una militante. ¡Hostia! ¿No puede una no depilarse simplemente porque le da una pereza extrema y no por un manifiesto político?
- El Pánico a la Foto: La peor parte es que la feminista de pacotilla te mira con superioridad. Si vas depilada, te juzga. Si vas peluda, te juzga para ver si tu pelo es lo suficientemente «militante». ¡Joder!
Yo, Concha, me los dejo largos o me los depilo por temporadas, no por una ideología. Y mi acto de rebeldía más grande es quedarme en el sofá en manifas de postureo, no levantar el brazo en señal de protesta en estas.
El Loro de la Revolución (Los Mantras Vacíos)
Pero si el look es absurdo, el tema de los mantras es ya de manicomio.
Hablo de esas que repiten frases como loros que han leído en un cartel de una manifestación. Sabes que no entienden la filosofía que hay detrás, que no han leído un puto libro de historia o sociología, pero sueltan la frase con una solemnidad que te da ganas de gritar un «¡ME CAGO EN TODO!» en su cara.
El laconismo espartano era la concisión; esto es el vacío verbal.
- El Estoico diría: «Evalúa si la acción se alinea con la razón y la virtud.»
- Yo, Concha, de Barrio: Pienso: «¿De verdad crees que por repetir esa frase te has convertido en Frida Kahlo? Vete a ayudar a una mujer a salir de un problema real, ¡no a soltar slogans!»
La feminista de pacotilla confunde el activismo con el hashtag. Es la hipocresía máxima. Es más fácil cambiar la foto de perfil que cambiar el mundo. Y esa simulación me enciende.
El Manifiesto de la Verdadera Lucha
Aquí tienes la verdad: La verdadera lucha no está en la sobacada, está en la acción real.
La próxima vez que una feminista de pacotilla me venga con sus mantras, le voy a contestar con un gruñido espartano y mi verdad: «El feminismo es ser una tía de puta madre, no un loro con sobacos peludos.»