LA MUJER CAOS: Juro que Iba a Escribir, pero Terminé con Mónica Naranjo y 3.000 Palabras Menos

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La Tiranía de la Intención y el Misterio de la Silla

A ver, queridas amigas lectoras, vamos a hablar claro desde el principio. Esta mañana, tenía un plan. Un plan serio, disciplinado y casi militar. Tenía que sentarme en mi silla, abrir el ordenador y empezar a escribir. Tenía la cabeza llena de ideas que sabía que os iban a encantar: el sarcasmo que desarma, la ironía que cura, el desparpajo que nos une. Había material para un puto libro, no, ¡para dos!

Pero, claro, una cosa es el plan y otra es la Realidad Concha.

Yo tenía la intención, ¿eh? De verdad. Abrí el documento, miré el cursor parpadeando con ese aire de superioridad que tienen los ordenadores, y me dije: «Hoy, amiga, no te vas a distraer. Hoy vas a ser una guerrera espartana del teclado. Concentración. Disciplina. Cero dramas.»

Y es ahí donde el universo decide que mi vida es una comedia de enredos y me tira un cubo de nanaí cósmica encima.

La silla. Me senté en la silla, y de repente, la silla tenía un misterio profundo. ¿Estaba bien colocada? ¿Y si la muevo un centímetro hacia la izquierda? ¿Y si me siento mejor si me pongo el cojín ese que me regaló mi amiga? El acto de sentarme se convirtió en un ritual de colocación digno de un maestro de obra.

 La Mente como una Pelota de Ping Pong (Y el Contraste Estúpido)

A los cinco minutos de tener el documento abierto, mi mente ya se había ido de vacaciones. Ya había abandonado la disciplina que tanto alaban los filósofos estoicos.

El contraste es brutal. En la antigua Esparta, se entrenaban para la guerra y la supervivencia.  Su mente estaba focalizada en el deber. Un espartano en mi situación habría cogido el teclado y habría escrito un manifiesto de guerra en cinco minutos. Su mente era una línea recta de productividad.

La mía es una pelota de ping pong botando dentro de una jaula de grillos.

  • Línea de Pensamiento 1 (El Deber): “Venga, Concha, tienes que escribir el capítulo sobre la hipocresía. Piensa en el sarcasmo.”
  • Línea de Pensamiento 2 (El Desastre): “Mmm, ¿qué canción era esa que tarareaba mi madre de joven? La de ‘Señora, señora…’ ¡Tengo que buscar la letra!”
  • Línea de Pensamiento 3 (La Distracción Física): “Qué monada mi gata… ¿Cómo puede dormir tan enroscada? Parece un churro con patas. ¿Necesitará más mantita? Le voy a echar una foto. Cinco fotos. Seis, por si acaso.”

Y así, amigas, mi mañana se fue a la mierda. Cada vez que intentaba centrarme en el plan, volvía a divagar. Miraba por la ventana pensando en no sé en qué, con la mirada perdida en la nada, como si esperase que apareciera un ovni. La realidad es que mi mente estaba procesando el inventario completo de mi nevera.

 El Agujero Negro de YouTube (El Círculo Vicioso)

Y el clímax del desastre llega con la tecnología.

Como no podía concentrarme, me dije: «Vale, Concha, no puedes escribir sobre el estrés, pero puedes investigar la causa de tu distracción. Eso es productivo.»

¡Y se armó la gorda! Empecé a buscar: «Por qué mi mente divaga tanto» o «Cómo la gente de 55 años se distrae».

Y ahí, querida lectora, caí en el Agujero Negro de YouTube. Un video me llevó a otro, que me llevó a un tercero, que me llevó a un quinto.

  • El vídeo sobre la neurociencia de la procrastinación me llevó a un documental sobre los gatos (por la conexión con mi gata durmiente).
  • El documental del gato me llevó a un tutorial de maquillaje que no necesito (pero que miré con fascinación).
  • El tutorial de maquillaje me recordó un hitpop de los 90.

Y el destino final de esa espiral de distracción, el puto final de mi viaje cósmico de la dispersión, fue Mónica Naranjo. Terminé tarareando una canción de ella mientras miraba algo en la televisión que ni siquiera sé lo que era. ¡Yo, que iba a ser la Espartana de la Concentración!

 La Lección de la No-Perfección

Cada vez que me daba cuenta de que mi cabeza divagaba, sentía ese latigazo de culpa. La voz de la sociedad, la voz del ideal espartano que me grita: «¡Mujer, disciplina! ¡Controla tu mente! ¡Esto es una falta de deber!«.

Y yo os digo, amigas, ¡que se joda el ideal!.

La lección que aprendí después de perder una mañana y unas 3.000 palabras de escritura es esta: Somos la Mujer Caos, no la Mujer Robot.

La victoria no es que logré escribir 3.000 palabras, sino que, al darme cuenta de que el día ya se había ido a la mierda con Mónica Naranjo, no me fustigué. No me autoflagelé con el «no valgo para nada».

Mi acto de rebeldía fue reírme de mi propia desgracia. La concentración perfecta es una puta farsa. Y si la vida te va a joder con distracciones, al menos que te dé material para una buena entrada de blog.

¿Te apetece decir algo?