LA MUJER QUEMADA POR EL ARROZ: El Drama de Ser Geisha en una Tarde (Y el Juicio del Dermatólogo)

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¡HOSTIA! La Ansiedad, el Scroll y el Deber de Parecer Geisha

A ver, queridas lectoras, si algo he aprendido después de lidiar con el tango, la esquizofrenia canina y la tiranía del e-commerce, es que cuando la ansiedad te aprieta, puedes hacer las mayores tonterías del mundo.

Y la tontería de la que vamos a hablar hoy no involucra dinero (que ya bastante tengo con el Black Friday) sino mi puta cara.

Todo empieza, como siempre, con un momento de debilidad mental y un scroll infinito en Internet. Leo que para tener una piel estupenda hay que hacer como las Geishas. ¡Coño! ¡Pues vamos a ser Geisha!

La Tarde de la Alquimia y la Destrucción Masiva

Mi problema no es la vanidad. Mi problema es que la ansiedad me tenía con instintos psicópatas y el objetivo no era la belleza, sino matar el puto rato. Necesitaba una misión, y la elegí mal.

En lugar de ir paso a paso, como haría una Mujer Dueña del Oikos, yo me puse el kit completo de la destrucción estética en una sola tarde.

  1. El Agua de Arroz (La Entrada Falsa):Empecé suave. El famoso agua de arroz. Esto de las Geishas, me dije, esto es natural, es estoico, es limpio. Me empapé la cara.
  2. El Potingue de Limón (La Traición Ácida):Luego leí lo del potinte de limón con no sé qué durante 10 minutos. ¡Hostia puta! Yo, que me creo que la vitamina C me va a dar la luz de los faros de La Coruña. Me lo puse. El ardor era soportable, pero la piel gritaba.
  3. El Bicarbonato y Canela (El Ritual Satánico):Y aquí vino el colofón, el nivel psicópata de la beauty. Leí algo de exfoliar. Y me puse a mezclar bicarbonato con canela haciendo el pino mirando a CuencaVale, lo del pino lo exageré, pero sentía que mi cuerpo adoptaba posturas antinaturales para que la mezcla penetrara mejor.

¡Puta locura! Era una mezcla de abrasión, ácido y ritualismo neurótico que ni el mismísimo Jesucristo en el desierto.

El Clímax: Urgencias y la Vergüenza Máxima

El resultado fue, previsiblemente, un desastre nuclear. La cara roja, irritada, con sensación de quemazón. No era una piel de Geisha; era una piel de quemadura solar de alta montaña.

Y tuve que ir a Urgencias.

Y me encontré delante de un Dermatólogo (un tío joven, guapo, con la paciencia de un Santo Estoico) que me preguntó qué me había pasado.

¡Hostia puta, qué vergüenza! Yo estaba deseando que la tierra me tragara por no poder explicarle la verdad.

  • La Mentira Piadosa:«No, doctor, creo que ha sido una reacción alérgica a… a una nueva crema natural…»
  • La Verdad (Silenciada):(«Doctor, he pasado la tarde untándome mierda porque la ansiedad me tenía con instintos psicópatas y era por matar el rato. He mezclado Geishas, cítricos y cosas de repostería. Juro que soy una persona funcional, ¡pero tengo el cerebro en modo pelota de ping pong!»)

El diagnóstico fue claro: irritación extrema por agresión química y física.

La Lección del Dermatólogo y el Triunfo de la Autenticidad

Salí de allí con una crema calmante, y la lección grabada a fuego. El dermatólogo, sin saber mi historia completa, me dio la clave: Simplicidad y Calma.

La verdadera belleza es la que no te obliga a hacer el pino con bicarbonato. La verdadera paz mental es la que te permite aceptar que tienes la piel que tienes y que el tiempo muerto es necesario, pero no se mata quemándote la cara.

Mi conclusión es que la única forma de conseguir la «belleza» es aplicando el laconismo espartano al skincareMenos potingues, menos drama, y a tomar por saco la ansiedad beauty.

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