INSOMNIO Y FREGONA: La Noche que Mi Cerebro Decidió Limpiar la Cocina (Y el Terror a la Talla Nueva)
¡HOSTIA! La Traición de la Medicación y la Noche de la Mente Caótica
A ver, queridas lectoras, si hay algo que me reconcilia con el concepto de que la vida es una puta locura, es la noche. Y no la noche de fiesta, no; la noche de insomnio.
Yo, que ya he asumido que mi mente es una pelota de ping pong que rebota entre la lista de la compra y el pánico al WhatsApp, pensé que tenía la batalla ganada. Me tomé mi medicación, me metí en la cama con mi gata Monchita (que es la única criatura que me da algo de paz real), y me dije: «Concha, hoy toca ser la Mujer Estoica. Hoy toca calma.»
¡Y una mierda! El problema es que mi cuerpo traicionó la orden. El insomnio me invadió pese a haber tomado la medicación. Eso es el equivalente a que un guerrero espartano se quede dormido en pleno ataque. ¡Vergüenza máxima!
Monchita, la Mártir, y la Histeria de la Cama
La primera víctima de mi caos fue mi santa gata, Monchita.
Estuve harta de dar vueltas en la cama, intentando encontrar esa postura mágica que te lleva al Nirvana del sueño. Pero cada vuelta era un gruñido del colchón y una patada involuntaria a la pobre Monchita, que intentaba dormir enroscada a mis pies.
Ella, la única criatura que encarna la calma estoica de verdad, me miraba con esos ojos verdes de «¿Pero qué coño te pasa, humana?». Su paciencia tiene un límite. Después de la décima patada, me soltó un bufido dramático y se fue a dormir al sofá, lejos del epicentro del caos. Me sentí una mala persona.
El Ataque de la Fregona (Productividad Neurótica)
Y ahí es donde la ansiedad encuentra su válvula de escape más extraña: la limpieza.
Mi cerebro, al no poder dormir, decidió que el deber es hacer algo útil. La mente no quería resolver la neurosis, ¡quería resolver la grasa incrustada!
Me levanté de la cama como un zombi poseído por la fregona. Y mi primera víctima fue la cocina. Empecé a limpiarla de arriba abajo, dejándola como la patena. La grasa de las esquinas, el polvo de los armarios… esa limpieza que solo se hace en emergencias vitales.
- El Proceso:De la cocina pasé al baño. Limpié los azulejos, la mampara, el inodoro… Y el cerebro no paraba: «Bien, Concha, esto es productividad. Esto es orden. Si la vida es un caos, que al menos el azulejo brille.»
El Horror Textil: De la Talla XL al Pánico Comprador
Y cuando la furia de la fregona se agotó, mi cerebro, ya cerca del amanecer, buscó un nuevo objetivo: el armario.
Ahí es donde el insomnio me dio el golpe de gracia. Empecé a revisar la ropa, y me di cuenta de mi drama: tenía escasa ropa para el invierno.
¡Hostia Puta! Si yo ya había superado el trauma de los 103 kilos y la báscula, ahora venía el castigo del invierno: ir de compras.
La Ansiedad del Probador (El Miedo a la Tiranía Social)
Y aquí el insomnio se convierte en pánico absoluto. Porque, amigas, yo soy «mu especialita». A mí:
- No me gustan los grandes almacenes.
- No me gustan los sitios concurridos.
- No me gusta estar probándome ropa.
La idea de enfrentarme a las luces de los probadores (que me dan dolor de cabeza), las colas, el ruido, la gente… ¡Ni de coña!
Y mi cerebro empezó a dar vueltas: «¿Qué talla cojo? ¿Será la misma que antes? ¿Tengo que pedir ayuda? ¡jooooder!»
La única solución es que el tendedero se ponga de moda y pueda ir desnuda por la vida.