MONCHITA, MI COJÍN DE PAZ: La Tiranía del Mimo y la Deuda de Latas (O por qué Mi Gata es Más Lista que Séneca)
El Ritual de la Deuda y la Farsa del Amor Incondicional
A ver, queridas lectoras, si hay algo más agotador que un ataque de ansiedad por el aire caliente, es la puta disciplina de los gatos. Y no hablo de la limpieza, no; hablo de la hipocresía del cariño.
Yo tengo a dos ejemplares que son la joya de la corona del cinismo: Monchita, la matriarca, con 17 años a cuestas (que no se le nota en el paso, ¡eh!) y Coko, el joven aspirante a divo de 2 años.
La gente te vende la idea del «amor incondicional» de las mascotas. Yo te digo: ¡Y una mierda! Su amor es más transaccional que una reunión con el banco.
El Protocolo de Recepción (La Gran Estafa)
Mi día a día es una coreografía perfecta diseñada por ellas. Cuando llego a casa, el show comienza. Monchita y Coko vienen a saludarme cómo si yo fuera mamá gata esperando sus mimos.
Monchita, la amorosa, que parece un perrito, me sigue por toda la casa. Viene detrás de mí hasta cuando voy al baño, me espera en el baño mientras me ducho y está en la cocina cuando cocino. ¡Es mi sombra! Y si no supiera que es por la comida, juraría que me quiere.
Y aquí viene la tiranía del saludo. Ellos vienen a saludarme. Yo, con la emoción de volver a casa, me agacho para darles la primera caricia. ¡Y ellos se dejan la primera caricia con una dignidad que ya quisiera un dictador en retirada!
Pero, ¡hostia! El truco es instantáneo: luego hacen el requiebro para salir corriendo al plato de su comida a esperar que les eche la lata o las chuches.
¡Cinco segundos de afecto por el soborno alimenticio!
La Guerra Fría de las Latas (El Laconismo Gatuno)
Y es aquí donde mi cerebro entra en modo análisis espartano para entender su fría lógica.
- El Laconismo Gatuno:Los mimos no son amor; son la moneda de cambio. Una vez que tienen la garantía del afecto, pasan de mí hasta que se lo comen.
- La Disciplina Culinaria:Comen con una seriedad profesional. Se relamen y se limpian bien, pero bien que reteque bien. ¡No hay prisa, no hay drama! Es la eficacia del guerrero espartano aplicada al pienso.
Y solo cuando han terminado de limpiar el último trozo de lata de la boca, solo entonces, luego vuelta a tenerlos detrás de mí por toda la casa. ¡Es una puta locura! Su amor es una demanda constante y su afecto, una estrategia de presión.
Los Jilgueros del Cuenco y la Deuda Eterna
Y el clímax de la manipulación llega cuando quieren más.
Se van a los cuencos de la comida y se sientan allí. ¡No maúllan, no piden! Simplemente se sientan y se ponen a mirarme cómo si fueran dos jilgueros desde un árbol. ¡Con esa cara de «yo no he sido, ¿qué dices?»!
Y aquí viene mi rendición: me hace tanta gracia que por que se lo han ganado esperando voy y les echo chuche o lata. ¡Jodíos gatos lo que saben!
- El Ideal Estoico (La Razón):Diría: «No cedas al chantaje emocional. La pauta es una vez al día.»
- Yo, Concha, de Barrio:Pienso: «Se lo han ganado. Su performance cómica vale 0,70 € en lata.» (Y les tiro la chuche).
Mi salud mental depende de su aprobación, y su aprobación depende de mi nevera. Y así es como la Mujer Espartana de la Logística Doméstica se convierte en la esclava emocional de dos felinos manipuladores a los que adoro.