¡Y LUEGO EL PELIGROSO ES EL MÍO! La Sátira Canina: Cuando el Perro Minúsculo es la Verdadera Amenaza (Y la Lección de Dignidad de mi perro)
¡HOSTIA! La Tiranía de la Etiqueta y el Paseo de los Mil Juicios
A ver, queridas lectoras, si algo he aprendido después de luchar contra el laconismo espartano, el tinte asesino y la neurosis del insomnio, es que la sociedad te juzga por la apariencia y nunca por la conducta.
Y esta vez, el drama no es mío; es de mi perro. Mi santo perro, ese compañero de cuatro patas que es también calma estoica en el día a día.
Yo salgo a pasear tranquilamente con mi perro, que es grande. Un bicharraco que impone, lo reconozco. Pero él es un caballero. Él va tranquilamente, olisqueando por la calle, cotilleando y haciendo cosas de perro de forma silenciosa sin meterse con nadie. Es la reencarnación de Séneca con correa.
La Histeria Minúscula y la Invasión Acústica
Pero claro, la paz dura exactamente lo que tardamos en cruzarnos con el primer perro pequeño.
¡Coño, la escandalera! Resulta que todos los perros pequeños con los que nos cruzamos a medio kilómetro ya van ladrando como posesos, gruñendo y formando escandalera.
- El Perro Grande (Mi Santo):Él sigue a lo suyo. Olisqueando. Desprecia la bronca con la máxima indiferencia. Es el laconista canino que no gasta energía en dramas innecesarios.
- El Perro Minúsculo (El Poseso):Es un proyectil de agresividad concentrada. El tamaño no tiene nada que ver con la mala hostia. Ladra con la furia de mil demonios, como si fuera el Anticristo Canino. Y su intención es clara: la guerra nuclear.
Y la gente nos mira. Nos miran con pánico y juicio. Y todavía, con asombro, tengo que ver cómo alguno de sus dueños los cogen en brazos con temor y se cruzan de acera.
El Monólogo del Juicio y el Bozal Injusto
Y aquí viene mi monólogo cabezón, ese que me sale del alma, aunque solo lo piense:
«¡Pero a ver, alma de cántaro! Si mi perro está tranquilo, es el tuyo el que está como las maracas de Machín y tendrías que ponerle un bozal y la etiqueta de peligroso!»
¡Hostia! El colmo es que la sociedad me ha impuesto la etiqueta de que el perro de raza peligrosa es el mío. ¡No! El peligroso es el tuyo, el que va gritando y haciendo amenazas de muerte.
Me han dado ganas de coger a mi perro en brazos al ver la agresividad del tuyo por muy pequeño que sea. ¡Menudos colmillos el jodío!
La Victoria de la Educación Espartana
Mi perro es la prueba de que la disciplina y la educación lo son todo. Él es grande, pero es un guerrero controlado. Es la fuerza con calma.
Y es ahí donde el humor salva el día. Mi perro está educado. El tuyo no. Y mi paseo no es un drama; es una lección de vida con un toque de sátira.